Opiniones, ideas, futbol

lunes 18 de septiembre de 2006

Jekill y Hyde

Cada mes tenemos que aceptar y tolerar la transformación gradual de ciertos individuos desde seres dulces, amantes, cariñosos, atentos, medianamente conformes y comprensivos, en otros de cualidades (?) contrarias, que hacen el tránsito vital un camino escabroso por un mínimo de 3 días.
Si esos seres tienen suficiente raciocinio como para conocerse, y suficiente inteligencia como para saber que ese fenómeno es frecuente, cuál podría ser la motivación para mantener e incluso, potenciar las manifestaciones destructivas de esa conducta, en lugar de moderar o apaciguar las mismas, o al menos advertir de su ocurrencia, con el fin de que el agraviado potencial tome medidas o al menos enfrente la situación de manera conciente, aunque ello signifique una conducta absurda y cuasi suicida.
El que una opinión profesional abrogue al sexo opuesto conductas similares que equiparen la influencia hormonal y la conducta consecuente, no implica que la respectiva víctima deba aceptar y soportar la avalancha dictatorial y emocional que conlleva esta alteración hormonal transitoria, que parece ser permanente, por lo intensa.
Sería conveniente la aplicación de niveles superiores de razonamiento, sobre todo por parte del individuo agraviante, para controlar el ataque personal y social que implica esa descarga humoral cíclica, que transforma a Jekill en Hyde, en pormedio cada 28 días.

jueves 14 de septiembre de 2006

Pasteles

Bajaba por la calle que va al Sambil. Ese flujo de gente en ambas direcciones que es la Elise ¿o Elice?, que discurre desde y hacia la estación Chacao del Metro y estaba ahí, escondida entre una venta de computadoras y ¿un centro de comunicaciones? Tantos que hay, que abundan, que es fácil encontrar uno de ellos en cualquier cuadra, si no es que hay más de 2 en el mismo lado de la calle.
Volviendo a lo que descubrí. El mismo aspecto. Una entrada amplia, con una barra en mampostería, sin sillas en ella, pero con dos o tres mesitas, como se estila aquí en Caracas. Los mostradores térmicos, que mantienen la comida caliente, llenos, llenos, llenos de empanadas, tequeños y, lo mas importante, pasteles. Pasteles y empanadas de los sabores, de los ingredientes típicos. Nada de cazón, nada de mariscos, nada de champiñones, ¡no señor! Simple queso, carne molida, pollo. Simplemente eso, pero con todo el sabor y la consistencia, la suavidad y la esponjosidad.
No recuerdo el nombre - no le paré. El lugar es atendido, deduzco de su aspecto y acento, por gochos. Andinos, pues. Esa vaina no tiene igual. Los batidos naturales y la textura y sabor del pastel. La calidad y consistencia del relleno, sea queso elástico, chorreante, derritiéndose, o carne o pollo, qué más dá.
Recordé los deliciosos desayunos cerca del liceo, cerca de la universidad, los fines de semana, o cualquier día, a cualquier hora, con pasteles frescos, pidiéndolos "de carne con arroz". "Un pastelito ahí, por favor". Faltó sólo la chicha o el mazato.